Obra
dramática
“Hamlet” de William Shakespeare
La
obra comienza cuando Hamlet, príncipe de Dinamarca, vuelve a su castillo cuatro
meses después de la muerte de su padre, para descubrir horrorizado que su madre
se ha vuelto a casar, con su tío Claudio, nuevo rey.
ACTO
I. Escena II REY
REY.- […] Y ahora, Hamlet, primado de mi trono, mi hijo…
HAMLET.- (Aparte). Un poco menos que primado y un poco más que primo.
REY.- ¿Por qué te envuelven todavía esas nubes de tristeza?
HAMLET.
– Nada de eso, señor mío; me da demasiado el sol.
REINA.
-Querido Hamlet, arroja ese traje de luto, y miren
tus ojos como un amigo al rey de Dinamarca. No estés continuamente con los
párpados abatidos, buscando en el polvo a tu noble padre. Ya sabes que 6. S
esta es la suerte común; todo cuanto vive debe morir, cruzando por 7. la vida
hacia la eternidad.
HAMLET.- Si, señora, es la suerte
común.
REINA.- Pues si lo es, ¿por qué
parece que te afecta de un modo tan particular?
HAMLET. -“Parece”, señora! ¡No; es! ¡Yo no sé parecer! ¡No es solo mi negro
manto, buena madre, ni el obligado traje de riguroso luto, ni los vaporosos suspiros de un aliento ahogado; no el raudal
desbordante de los ojos, ni la expresión abatida del semblante, junto con todas
las formas, modos y exteriorizaciones de dolor, lo que pueda indicar mi estado
de ánimo! Todo esto es realmente apariencia, pues son cosas que el hombre puede
fingir; pero lo que dentro de mí siento sobrepuja a todas las exterioridades, que
no vienen a ser sino atavíos y galas del
dolor!
REY.
- Es una hermosa acción que enaltece vuestros sentimientos,
Hamlet, el rendir a vuestro padre ese fúnebre tributo; mas no debéis ignorar
que vuestro padre perdió a su padre; que este perdió también al suyo, y que el
superviviente queda comprometido por cierto término a la obligación final de
consagrarle el correspondiente dolor pero perseverar en obstinado desconsuelo
es una conducta de impía' terquedad; es un pesar indigno del hombre; muestra
una voluntad rebelde al cielo, un corazón débil, un alma sin resignación, una
inteligencia limitada e inculta. Pues si sabemos que esto va a suceder
necesariamente y que es tan común como la cosa más vulgar de cuantas se ofrecen
a nuestros sentidos, ¿por qué, con terca oposición, de tomarlo tan a pecho? […]
Os rogamos, por lo tanto, que moderéis ese inútil desconsuelo y nos miréis como
a un padre, porque, sepa todo el mundo,
vos sois el más inmediato a nuestro trono, y no menos acendrado que el amor que
el más tierno padre siente por su hijo es el que yo os profeso.
Horacio, amigo fiel a Hamlet, y atrás guardias
del palacio le informan al príncipe que desde hace algunas noches un fantasma aparece en lo más
alto del castillo. Hamlet acude
presenciar este hecho y descubre que es el fantasma de su padre.
ACTO I. Escena V
SOMBRA.- Yo soy el alma de tu padre,
condenada por cierto tiempo a andar errante de noche y a alimentar el fuego
durante el día, hasta que estén extinguidos y purgado:" los torpes
crímenes que en vida cometí.
[…]¡Oh, atiende! ¡Si tuviste alguna vez
amor a tu querido padre...!
HAMLET.- İ Oh, Dios!
SOMBRA.
– İ Véngale de su infame y monstruoso asesinato!
HAMLET.- ¡Asesinato!
SOMBRA.-i Asesinato infame, como es siempre el asesinato; pero este es el
más infame, horrendo y monstruoso!
HAMLET.- ¡Que lo sepa en seguida, para
que, con alas tan veloces como la
fantasía o los pensamientos amorosos, vuele a la venganza!
SOMBRA.- […] Ha corrido la voz de que, estando
en mi jardín dormido, me mordió una
serpiente: de tal modo han sido burdamente engañados los oídos de Dinamarca con este fabuloso
relato de mi fallecimiento. Pero sabe tú, noble joven, que la serpiente que ha
quitado a tu padre la vida cine hoy su corona.
HAMLET.- ¡Oh, alma mía profética...! ¡Mi tío!
SOMBRA.-Si, ese incestuoso, esa adúltera bestia, con el hechizo de su ingenio,
con sus pérfidas mañas!--- ¡oh maldito ingenio y mañas malditas, que tienen tal
poder de seducir!- rindió a su vergonzosa
lascivia y la voluntad de la que parecía mi muy casta reina… […] Pero ¡basta! Me parece sentir el aura
matutina. Permíteme ser breve. Durmiendo, pues, en mi jardín, según mi
costumbre, después del mediodía, en esta hora de quietud entró tu tío furtivamente,
con un pomo de maldito zumo de beleño", y en el hueco de mi oído vertió la
leprífica destilación, cuyo efecto es tan contrario a la sangre humana que, rápido
como el azogue", corre por las vías naturales y conductos del cuerpo, y con repentino vigor
cuaja y corta, como gotas ácidas
vertidas en la leche, la sangre sana y fluida. Tal aconteció con la mía, y he aquí
que, de improviso, una lepra vil invadía mi carne delicada, cubriéndola por
completo de una infecta costra. Así fue como, estando durmiendo, perdí a la vez,
a manos de mi hermano, mi esposa y mi corona; segado en plena flor de mis
pecados, sin viáticos", óleos" ni preparación, mis cuentas por hacer
y enviado a juicio con todas mis imperfecciones sobre mi cabeza. ¡Oh, horrible!
¡Oh, horrible, demasiado horrible ¡Si tienes corazón, no lo soportes! ¡No
consientas que el tálamo real de Dinamarca sea un lecho de lujuria y criminal
incesto! Pero de cualquier modo que
realices la empresa, no contamines tu espíritu ni dejes que tu alma intente
daño alguno contra tu madre. Abandónala al cielo y a aquellas espinas que
anidan o en su pecho para herirla y punzarla. (Sale la SOMBRA). […]
Luego
de que un grupo de actores representa la historia contada por el fantasma, el
rey Claudio se marcha a su habitación descompuesto al presenciar su terrible
traición. Camino a la habitación de su
madre, Hamlet lo ve arrodillado y
rezando para espiar sus culpas.
ACTO
III. Escena III
REY.- […] ¡Oh, atroz es mi delito! ¡Su
corrompido hedor llega hasta el cielo! ¡
i Sobre él pesa la más antigua de las maldiciones: la del fratricidio! No puedo orar, aunque la inclinación sea en mí
tan fuerte la voluntad. La fuerza de mi propósito cede a la mayor fuerza del
crimen, y como un hombre ligado a dos tareas, quédome perplejo sin saber por dónde empezar y a
entrambas desatiendo. Pero aunque esta maldita mano se hubiera encallecido con
sangre fraternal, ¿no habría bastante lluvia en el clemente cielo para lavarla
hasta dejarla limpia la nieve? ¿Para qué sirve la misericordia si no es para
afrontar como el rostro del crimen? ¿Y qué hay en la oración si no es la doble
virtud de precaveros para no caer y de hacernos perdonar cuando caemos?
Alcemos, pues, la vista al cielo; mi crimen se ha consumado ya. Pero, ¡ay!,
¿qué forma de oración podrá valerme en este trance? "¡Perdóname el
horrendo asesinato que cometí!" No, no puede ser, puesto que en posesión
de todo aquello por lo cual cometí el crimen: la corona, objeto de mi ambición,
y mi esposa, la reina. ¿Puede uno lograr perdón reteniendo los frutos del
delito? En las corrompidas corrientes de
este mundo, la dorada mano del crimen puede torcer la ley, y a menudo se ha
visto al mismo lucro infame sobornar la justicia. Mas no sucede así allá arriba.
Allí no valen subterfugios, allí la acción se muestra tal cual es, y nosotros
mismos nos vemos obligados a reconocer sin rebozo nuestras culpas, precisamente
cara a cara de ellas,-Qué hacer, pues? ¿Qué recurso me queda? Probemos lo puede
el arrepentimiento Que no podrá? Y, sin embargo, ¿qué podrá cuando uno no puede arrepentirse? iOh,
miserable condición la mía! ¡Oh, corazón negro como la muerte! ¡Oh, alma mía,
cogida como un pájaro en la liga, que cuanto más pugnas por librarte, más te
prendes Oh, ángeles del cielo, socorredme! iOh, rígidas rodillas, doblegaos ¡ Y
tú, corazón duro, ablanda tus fibras de acero como un recién nacido! (Retrocede y se arrodilla)
(Entra
HAMLET)
HAMLET. -Ahora
podría hacerlo, ahora que reza; y ahora lo hare! (Desenvaina la espada, avanza unos pasos y se detiene). Pero así va al
cielo y de tal modo quedo vengado... Hay
que reflexionar... Un infame asesina a mi padre, y yo, su hijo único, aseguro al malhechor
la gloria ¡Cómo!
Eso
fuera premio y remuneración, que no venganza. ¡El sorprendió a mi padre en la
grosera altura del hinchado de pan; con todas sus culpas en plena flor, tan
lozanas como una planta en mayo! Y quién
salvo Dios, sabe cómo saldó su cuenta? Aunque todos los indicios me inclinan a pensar cuán dura es su desgracia.¿
Y queda cumplida mi venganza hiriendo al delincuente mientras purifica su
espíritu, cuando se halla dispuesto y preparado para fatal trance? ¡No, vuelve a tu espada (Envaina), y elige otra ocasión más azarosa! Cuando duerma en la
embriaguez, o se halle encolerizado; en el deleite incestuoso de su lecho;
jugando, blasfemando, o en acto tal que no tenga esperanza de salvación.
¡Precipítale entonces de tal modo, que sus talones tiren coces al cielo y sea su alma tan negra y condenada
como el infierno adonde se desploma! Mi
madre me aguarda. (Al REY). ¡Esta
droga no hará más que prolongar tus moribundos días! (Sale)
El
rey trata de deshacerse de Hamlet porque este conoce el secreto de su traición.
Para este, confabula con Laertes. El rey lo convence para que se bata a duelo
con el príncipe, y para asegurarse de
que este morirá, envenena la punta del florete y las bebidas que se ofrecen los
duelistas.
ACTO V. Escena II
REY.-Dadles los floretes, joven
Osric. ¿Estáis ya enterados de la apuesta, deudo Hamlet?
HAMLET.-Perfectamente, señor. Vuestra gracia ha apostado por la parte más
débil.
REY.-No temo por ello. Os he visto tirar a uno y otro. Más por la ventana
que él te lleva, tenemos diferencia suficiente.
LAERTES.- (Examinando uno de los
floretes que le presentan). Este es muy pesado. A
ver otro. (Coge uno).
HAMLET.-(Tomando un florete al azar). Este me gusta ¿Son del mismo largo estos floretes?
OSRIC.
-Sí, mi buen señor. (HAMLET y LAERTES se disponen
para el asalto)
REY.
-(A los PAJES). Poned los
jarros de vino sobre esta mesa. Si Hamlet da el primero o segundo golpe o se
desquita devolviéndolo en el tercer asalto que todas las almenas, disparen sus
cañones; el rey beberá por la salud de Hamlet, para mejorar alentarle, y echará
en la copa, como prenda de la unión, una perla finísima y más preciosa que la
que cuatro reyes sucesivos han llevado
en la corona de Dinamarca. Vengan las copas, y que el timbal anuncie al clarín, el clarín al artillero
lejano, el cañón a los cielos, y los cielos a la tierra. "Ahora brinda el
rey a la salud de Hamlet" (A HAMLET
y a LAERTES) Vamos, empezad. Y
vosotros, jueces, observad atentos.
HAMLET.- Vamos.
LAERTES.- Vamos, señor. (Esgrimen)
HAMLET.-"¡Una!
LAERTES.- No.
HAMLET.- Que juzguen.
OSR
IC.- Una, una estocada bien patente.
LAERTES.-Bien Otra vez.
REY.
-Esperad. (A
los PAJES). Traedme la bebida. Hamlet, esta perla es tuya.(Echándola en la copa)
¡A tu salud! (Suenan clarines; luego se oyen cañonazos a los lejos). (A los pajes).
Dadle la copa.
HAMLET.-一Quiero antes terminar este asalto, (A uno de los pajes). Dejadla ahí cerca
un momento. (A LAERTES). Vamos (Esgrime). ¡Otro golpe! ¿Qué decís?
LAERTES.-Tocado, tocado; lo confieso.
REY.- (A LA REINA). Nuestro hijo
ganará.
REINA.- Está grueso, y se fatiga demasiado.
Ven, Hamlet, toma mi pañuelo y sécate la frente. La reina brinda por tu suerte,
Hamlet. (Toma una de las copas que le ofrece un paje)
HAMLET.-Buena señora…
REY.- ¡No bebas, Gertrudis!
REINA.-Beberé, señor: perdonad, os ruego. (Bebe)
REY.-(Aparte) ¡La copa
envenenada! ¡Demasiado tarde! (La reina
ofrece a de las copas a HAMIET)
HAMLET.-No me atrevo aun, señora; beberé en seguida.
REINA.
-Ven, deja que te enjugue el rostro.
LAERTES.- (Aparte al REY). Ahora
voy a darle, señor.
REY.-(A LAERTES). No lo creo.
LAERTES.- (Aparte). Y, sin embargo,
es casi contra mi conciencia.
HAMLET.-Vamos a la tercera, Laertes. No
haces más que retozar. Por favor, tira
con toda tu alma; recelo que me tomas por un barbilindo
LAERTES.- ¿Eso decís? Vamos, pues. (Esgrimen,
y después de un golpe dudoso).
OSRIC.-Nada, de ninguna parte.
LAERTES.- ¡Toma esa ahora! (Laertes hiere a Hamlet, este, en el ardor
de la refriega, desarma a su rival, le acomete con su propia espada y le hiere)
REY.-¡Separadlos; están enfurecidos!
HAMLET.-No; vamos
otra vez. (La REINA cae).
OSRIC.- Atended a la reina. (A los dos contendientes). ¡Alto! (Todas acuden hacia ellos y los separan con
dificultad).
HORACIO.- ¡Sangran los dos! (HAMLET) ¿Como
ha sido, señor?
OSR
IC.- ¿Qué es eso, Laertes?
LAERTES.- ¡Pues cogido como una trampa en mis propios lazos, Osric! Me mata,
con justicia, mi propia traición.
HAMLET.- ¿Qué le
pasa a la reina?
REY.-Se ha desmayado al veros sangrar.
REINA.- ¡No, no! ¡La bebida, la bebida, la bebida!... ¡Estoy
envenenada! (Muere)
HAMLET.-¡Oh, infamia! ¡ Hola! ¡Que
cierren las puertas! Traición ¡A descubrirla!
LAERTES.- (Cayendo) Hela aquí,
Hamlet. Hamlet ha sido asesinado; no hay medicina en el mundo que pueda
salvarte; no tienes ni media hora de vida. En tu mano está el arma traidora,
sin botón y emponzoñada la infame intriga se ha vuelto contra mí. Mírame aquí caído,
para nunca más levantarme. Tu madre está envenenada... No puedo más ¡Al rey, al
rey la culpa!
HAMLET.- ¡La punta envenenada
también!... ¡Entonces, veneno, a tu obra! (Hiere
al REY)
TODOS.-Traición, traición!
REY.- İ Oh! Defendedme aún, amigos, solo estoy herido.
HAMLET.- (Poniéndole en los labios la
copa envenenada). ¡Toma tú, incestuoso criminal, maldito danés! Apura esta
copa... (No está aquí tu perla, tu prenda de unión? ¡Sigue, pues, a mi madre! (EL REY muere).
LAERTES.-¡Ha recibido justo castigo! ¡Es una ponzoña por él mismo preparada!...
Perdonémonos mutuamente, noble Hamlet! ¡Que
mi muerte y la de mi padre no caigan sobre ti, ni la tuya sobre mi!... (El REY muere).
HAMLET.
-¡De ello te absuelva el cielo! Te sigo. Soy muerto,
Horacio Reina desventurada, ¡adiós!... Vosotros, que palidecéis y tembláis ante
esta catástrofe, y no sois más que personajes mudos o simples espectadores de
esta escena, si yo tuviera tiempo -ya que la muerte es un esbirro cruel e
inexorable en su ejecución- ¡oh!, podría
deciros pero resignación. Yo muero, Horacio; tú vives; explica mi conducta y justifícame
a los ojos del que ignore...
HORACIO.-No lo creáis. Más tengo yo de
antiguo romano que de da aquí quedan todavía unas gotas de licor. (Cogiendo la copa envenenada)
HAMLET.- ¡Si eres hombre, dame esa copa;
suéltala, por Dios te lo pido! ¡Oh, buen
Horacio! ¡Qué nombre más execrable me
sobrevivirá, de quedar así las cosas ignoradas! Si alguna vez me albergaste en
tu corazón, permanece ausente de esta bienaventuranza, y alienta por cierto
tiempo en la fatigosa vida de este mundo de dolor para contar m historia. […]
(Muere HAMLET).

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